La sobreprotección se puede evitar

Todos los padres queremos mucho a nuestros hijos. De eso no hay dudas, pero muchas veces el problema se presenta cuando ese amor se presenta de manera excesiva y, sin darnos cuenta, “no les dejamos hacer”.

Salen del colegio y nosotros cargamos con sus mochilas porque “pobrecitos, están cansados”, sin que ellos nos hayan dicho nada.

A la mañana los ayudamos a vestirse sin permitir que ellos mismos sean los que, como puedan, se vistan solos y a lo sumo al final compaginar un poco el “desarreglo” que hicieron.

Ni qué hablar cuando llega el momento de hacer las tareas y ante la menor consulta terminamos indefectiblemente haciendo nosotros el trabajo y resolviendo los problemas u oraciones que la maestra les planteó.

Parecen cosas sin demasiada importancia, pequeñeces. Pero a la larga estaremos criando y educando niños poco menos que inútiles, incapaces de resolver las dificultades que se les presenten.

La mayoría de los psicólogos sostienen que, aunque frágiles y todavía dependientes, todos los niños desean sentirse capaces de hacer las cosas por sí mismos, y somos los padres los que conspiramos contra este deseo.

Es cada vez mayor el número de padres sobreprotectores, lo que al parecer podría deberse a que por las largas jornadas de trabajo, la culpa que muchos padres sienten por estar poco tiempo con sus hijos hace que al regresar al hogar sólo se preocupen en “malcriarlos” con el consabido deterioro del crecimiento psicofísico infantil.

Ahora bien, cómo podemos dejar de sobreproteger a nuestros hijos y fomentar su lógica autonomía desde chicos?

Los expertos en estos temas sugieren que

  • Sustituyamos miedo por confianza y veremos cómo esos niños serán autónomos, seguros, no serán manipulables y serán felices. Pueden pensar por sí mismos y tomar decisiones (acordes con su edad), solo necesitan nuestra confianza y nuestro apoyo.
  • Enseña a los niños a frustrarse: “No pueden conseguirlo todo y menos de manera permanente e inmediata. Cuando los niños aprendan a frustrarse verán que no hay errores, hay aprendizajes. No le facilitemos el acceso a todos los privilegios, las cosas hay que ganárselas”. 
  • “No seré la agenda de mis hijos”. Hay que poner pequeños retos, pequeños objetivos a los niños y que poco a poco asuman responsabilidades. Hay que dejarles hacer, aunque tarden más, aunque les salga peor (como, por ejemplo, hacer la cama) o se equivoquen. “¿Tiene que vestirse solo? Pues empezaremos pidiéndole que un día se ponga solo los calcetines e iremos añadiendo prendas”. A medida que le vaya saliendo mejor, que vaya progresando, el niño se sentirá más capaz, más feliz. No hagas las cosas que ellos ya pueden hacer. “Si les resuelves todos los problemas, tú eres el problema”, dicen los que saben.

José Luis Venturino para El Portal de la Esperanza

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