Morirse no es el final de todo

Se pusieron a pensar alguna vez que todas las personas son buenas en un velatorio cuando son los protagonistas del “evento”?

Resulta ser que cuando alguien muere todos se llenan de halagos y palabras elogiosas hacia el fallecido aun cuando a veces resulte difícil encontrarlas…

Pensemos un momento. No sería mejor hablar bien de alguien o mandarle flores cuando todavía está viva? No sería preferible estar alrededor de alguien vivo y decirle al oído todo lo bueno que tiene y cuánto lo queremos en vez de comentárselo muy compungidos a un cadáver o a sus deudos?

Siempre será mejor reírse con alguien vivo que llorar por un fallecido.

Además muchas veces el dolor que se experimenta por una muerte resulta ser la consecuencia de que ya no lo volveremos a ver y no de que el pobre abandonó el mundo de los vivos… Pareciera ser un dolor que nace del egoísmo, como si en realidad llorásemos por nosotros mismos y no por el difunto.

Una frase de una conocida canción de un grupo de rock argentino dice que “la muerte está tan segura de vencer que nos da toda la vida de ventaja…”

Y aun así no terminamos de integrar a nuestras vidas que la muerte nos iguala a todos al final del camino. Y esa es para muchos una buena noticia, cuando menos una muestra de igualdad después de tantas injusticias que a veces nos depara la vida…

Hay una hermosa poesía de San Agustín de Hipona que creo justa para el momento y me gustaría compartir con nuestros queridos lectores.

LA MUERTE NO ES EL FINAL

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo.

Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.
No toméis un aire solemne y triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.

¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Veis? Todo está bien.

No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.

José Luis Venturino para El Portal de la Esperanza

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