La mágica oportunidad de recorrer la llamada “costa amalfitana”, que se extiende sobre la costa occidental de Italia sobre el Golfo de Salerno e incluye ciudades como Salerno y pueblitos de ensueño como Positano, Amalfi, Sorrento, Ravello, Vietri sul Mare y tantos otros, brida sensaciones únicas e inovidables.

El periplo en auto puede llevar al turista desde Roma durante varios días por los angostos, zigzagueantes pero bellísimos caminos de esa región italiana, donde el mar Tirreno te acompaña a cada paso y es como una bofetada de color y belleza para los sentidos que llevan casi hasta el éxtasis.

Todos los lugares que se visitan deslumbran, pero no son pocas las personas que quedan irreversiblemente enamoradas de por vida de la increíble Positano.

Parece, y de hecho lo está, construida como un gigantesco balcón que da al mar, donde desde cualquier lugar la vista es sobrecogedora e invita a disfrutar sin más tarea que acariciar el alma.

El mar es cálido, las playas no son de arena muy fina pero sí casi blanca, y los innumerables puestos de artesanías y lugares para comer o simplemente tomar un refrigerio aparecen a la vuelta de cada sendero que se sigue.

Como si el paisaje fuera poco, la calidez de los habitantes de la región hace que uno se sienta verdaderamente como en su propio hogar, y como suele suceder, “no quiera regresar a su casa nunca más” (después se piensa en la familia, los nietos, los amigos y demás querencias y se arrepiente un poco).

Y como si todo esto fuese poco, es la región que dio origen al famoso “lemoncello”, que encuentra en Amalfi su centro neurálgico y por el que cualquier conductor estaría inhabilitado para pasar el más leve test de alcoholemia…

Definitivamente Positano, si se puede costear el viaje y la estadía, es de esos lugares en el mundo donde al menos una vez en la vida cualquier ser humano debería disfrutar unos días.

Redacción El portal de la esperanza

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