Si uno tuviera que buscar un calificativo para describir lo que produjo en la sociedad de San Clemente del Tuyú la película “Don Alpargata Club”, podríamos decir que fue un fenómeno. Fue una experiencia de construcción colectiva, de contagio, de pasión, de poner en alto las banderas del cine como herramienta de transformación social a través del arte. Los hermanos Hendel dieron el puntapié inicial mostrando que la cultura popular y el arte, si vienen desde abajo, “desde el pie”, pueden ser herramientas para construir comunidad, identidad y reconocernos los unos y los otros. La película logró acercarnos, algo tan necesario en los tiempos difíciles que vivimos.

Y en un Cine Tuyú colmado de espectadores, en medio de grandes expectativas, finalmente se estrenó “Don Alpargata Club”, una comedia bizarra de los Hermanos Hugo y Leonardo Hendel, rodada en San Clemente del Tuyú con actores locales de excelente nivel.

La trama transcurre en el populoso barrio Itatí de San Clemente del Tuyú, donde el equipo local debe jugar la final del campeonato de fútbol regional contra un rival de otra localidad.

“Don Alpargata Club”, que surgió como una historia en capítulos para un programa semanal de TV local, filmada una parte del material por Leonardo, con el aporte y sugerencia de Hugo, se convirtió en largometraje por la calidad del contenido y la performance de los actores, todos vecinos de la localidad. Fue así que en el andar tomó forma de película.

Faro Noticias tuvo una entrevista con los directores, los Hermanos Hendel, y parte del elenco, los actores Diego Lo Giudice, Juan José Jorge y Marcelo Catanea, en un escenario digno de la película de referencia: el Vivero Cosme Argerich.

“La película transcurre en el Barrio Itatí, con actores del barrio, algunos habían actuado anteriormente, otros no. La gente nos abrió las puertas para el rodaje, nos facilitó elementos, cosas que hacían falta, una mesa, una silla, y por sobre todas las cosas recibimos aliento”, nos dice Leo Hendel quien agrega que era común escuchar de gente que pasaba en el momento de la filmación cosas como “aguante barrio Itatí” o “sigan para adelante”. Esto muestra una identificación del barrio con la película, y es parte de una construcción colectiva.

Juan Jose Jorge, quien tuvo fugazmente alguna experiencia en actuación en clases de talleres de teatro junto a Marcelo Catanea, cuenta que fue el primero que se sumó, “me vino a ver Leo, yo vivo en el Barrio, a mi siempre me gustó” dice, a lo que agrega Marcelo “el asunto era divertirnos, eso de jugar a ser otra persona, vivir esa fantasía y tener una experiencia como grupo”.

Los actores fueron apareciendo, en el caso del equipo local, “Alpargata Club”, surgieron del barrio y uno trajo a otro, el boca a boca iba creciendo y el barrio se iba “adueñando” de la película, tomándola como algo propio. La selección de actores para el equipo contrario, “Los Explosivos”, que son de otras zonas de la localidad, fue tarea que estuvo a cargo de Hugo, muchos de ellos, compañeros de actuación de teatro en años anteriores.

“Yo tuve la bendición de ser parte de la escuela de Bellas artes en sus inicios, allá por los años 80. No terminé, fui tres años, pero a la tarde funcionaban talleres, ahí tuve alguna experiencia y uno de mis profesores fue Claudio Santorelli. Esta experiencia está buena, si bien no somos profesionales, la actuación sirve como una terapia. Como en todo, a veces uno tiene días buenos, otros malos, y la convivencia sirve para ir puliendo en la realación con el otro. Cuando me vino a ver Leo, yo que tengo cara de bigornia, dije que sí. El guión estaba armado y me tocó ser Don Julian, el gran DT que tuvo el privilegio de tener un encuentro en el mas allá con Don Alpargata. La verdad que fue una linda experiencia” cuenta Diego Gabriel Lo Giudice.

Hasta aquí la película por dentro, trama, directores, actores y rodaje, hay otra parte del film en el “afuera”, en ese fenómeno que se produjo en el transcurso de la filmación y tuvo su coronación con una sala repleta de espectadores, con gente en los pasillos del cine. Si uno se pregunta porqué el mayor estreno de un film internacional no convoca más que un par de decenas de espectadores y una película local logra llenar una sala, la respuesta está en la construcción colectiva, la identificación, la cultura barrial, y el compartir y ser parte. Aquí el cine, como una de las ramas del arte, es donde se convierte en una herramienta de transformación social.

Y en esto de compartir, de hacer y dejar hacer, los hermanos Hendel son duchos. Son hacedores natos, uno lo puede comprobar a poco de tener un contacto con ellos. Su pasión es el cine, pero de un cine desacartonado, cerca de la gente. Ese cine que ha acompañado procesos culturales de la humanidad como generador de conciencias. Lo sintetiza muy bien Marcelo Catanea en sus frases finales de la entrevista: ” A mi me gustaría destacar la tarea de los directores, tanto esfuerzo y que no son ayudados por nadie. Todo sale de la pasión que transmiten, el trabajo enorme de convencer a tanta gente, conseguir los elementos, los materiales, me gustaría destacar eso”.

Las cartas están echadas, los recursos están, los talentos también, existe un Cluster Audiovisual que se reúne periódicamente y congrega gente con ganas de hacer y mostrar sus producciones. Falta que alguien con poder de decisión desde el estado, vea este “fenómeno” que se da en San Clemente del Tuyú y esté dispuesto a alentarlo y financiarlo para que sea parte del patrimonio cultural que la localidad tiene para ofrecer a sus habitantes y a quienes nos visitan. Además de permitir que muchos sanclementinos potencien sus habilidades y puedan vivir haciendo lo que les gusta: arte.

P/D: Faltó decir que la película está buenísima, no dejen de verla.

Alejandro Lopez – Faro Noticias

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