El cierre de fábricas y la ausencia de automóviles en las carreteras debido a la pandemia puede ser bueno para las emisiones, pero todas esas ganancias son a corto plazo.

Si bien millones de trabajadores pasan sus días en casa, la administración Trump no ha abandonado su labor de contrarrestar el progreso ambiental.

Hoy, está programado el anuncio de uno de los retrocesos regulatorios más grandes y significativos de la presidencia de Trump: la anulación de los estándares de emisiones vehiculares promulgados por la administración Obama.

Dichas regulaciones obligaban a los fabricantes de automóviles a aumentar el rendimiento del combustible cada año a una tasa del 5%, teniendo en cuenta el kilometraje y las emisiones.

Ahora, los fabricantes de automóviles solo tendrán que aumentar el rendimiento en un 1,5% por año.

La nueva disposición ya estaba en proceso antes de que fuera confirmado el primer caso de COVID-19 en los EE. UU., y se produce justo después de que la EPA anunciara que ya no exige que las empresas cumplan con una amplia gama de leyes ambientales si citan la pandemia como causal.

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