libro «‘Crispin, el niño de las botellas de colores»‘

por Celia Marder

La vida nos presenta obstáculos y desafíos, la creatividad aparece cuando un problema lo transformamos en una oportunidad.

Así nació Crispín, de la distancia entre una abuela y su nieto, más precisamente de una distancia física de casi 10.000 km.

Surgió a partir de la necesidad de construir un puente imaginario para conectar y construir una relación incipiente.   

Tengo dos nietos que viven muy lejos, y a los que veo una vez cada año o año y medio.

La primera vez que viaje a ver al mayor me pregunté que podría llevarle de regalo para sorprenderlo y para que el momento en el que estemos juntos sea mágico.

Preparé en un bolso de gran tamaño, papel barrilete para construir barriletes, papeles de diferentes tipos y texturas, pajitas, vasos descartables, papel crepé y un sinfín de cosas extrañas. 

Ese bolso estuvo a mi lado siempre, no me importaba perder la valija, pero ese bolso no podía perderse.

La idea era cada día abrir el bolso, e inventar algo con su contenido.

El primer día, sacamos el papel crepé- en Estados Unidos no existe, ellos viven allí- cortamos una tira del papel, llenamos una botella de plástico transparente con agua, introdujimos el papel crepé en la botella, la agitamos, y el papel crepé destiñó. 

Entonces ocurrió la primera “magia” de ese viaje: inventamos las botellas de agua de colores.

Ese juego fue mágico, lo hacíamos con él, con sus amigos, con sus vecinos. El juego se convirtió en un ritual.

Cada año, su juego favorito, era hacer agua de colores. Cada año, cuando nos encontrábamos y le preguntaba que quería de regalo, su respuesta era papel crepé, y alfajores.

El juego fue creciendo, con las botellas armábamos un quiosco…, se vendían, se alquilaban, se prestaban… 

A la noche antes de dormir, así como Gianni Rodari o su personaje-viajante de comercio – en “Cuentos por teléfono” le contaba un cuento por teléfono a su hija, yo llamaba a Ben a su casa y le contaba un cuento breve, hasta que decidí escribir un cuento entre los dos.

Comenzamos con el cuento, yo escribía un capítulo y se lo enviaba por correo postal a su nombre. Dentro del sobre, había un objeto relacionado con el capítulo, mi hija Laura se lo leía. Hasta que el cuento llegó a ser lo que es hoy.  Por whatsapp íbamos imaginando las características de los dibujos. Así nació “Crispín, el niño de las botellas de colores. 

Luego de ser probado en Jardines de infantes y diferentes grupos de niñes en espacios de educación formal e informal, fue publicado y a posteriori de su publicación y presentación fue declarado de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad. 

Cada texto tiene su contexto, y este cuento escrito en la cocina de casa, lo fue en un momento complejo de nuestro país, en el que, como dice el cuento, no todos los colores estaban representados, y había mucha gente triste. Tampoco podían decidir sobre las cosas importantes de su vida, y como dice Crispín, no solo es importante elegir el gusto del helado.

La idea de Crispín, era inundar la ciudad de colores. Crispín sabía que las transformaciones requieren de la participación de todes, y así fue su convocatoria, sin dejar a nadie afuera, porque todes son importantes, es bueno vivir en un país en el que nadie quede afuera. Por eso llamó a tortugas y tortugos, elefantes y elefantas, nenas y nenes, tías y tíos…

Los valores que promueve Crispín, son el de la participación, el de la lucha colectiva para lograr las transformaciones en una comunidad, la inclusión, nadie tiene que quedar afuera, la toma de decisiones por consenso, y la felicidad a partir de sentir que la ciudad nos pertenece. Ser ciudadano como dice Crispín, no es solo ser libre para elegir el gusto del helado. 

El pedagogo francés Philipe Meirieu escribió: 

“Yo no voy a ceder, no voy a retroceder. Porque la generación de la que formo parte no puede estar orgullosa del mundo que les deja a las infancias que llegan. Un mundo de injusticias, terrores y odios. Un mundo que amenaza con colapsar. Pero si bien no podemos cambiar el pasado, el futuro no está escrito en ningún lado. Y nosotros tenemos el deber de educar a nuestros niños y niñas para que vuelvan a encantarse con el mundo. Acá, allá y en todo lugar. Por los tiempos que corren, porque no hay que ignorar jamás los combates del presente. Y, sobre todo, por los tiempos que vienen, porque sería criminal no preparar el porvenir”.

Celia Marder es Licenciada en Educación de la UBA, Especialista en Formación de Formadores de UBA- Paris X, fue Directora de Instituciones Educativas, Asesora de Escuelas Medias de GCBA, integrante de los Equipos de Orientación Escolar en Escuelas Primarias de GCBA, docente universitaria, formadora de docentes de todos los niveles educativos en Programas Nacionales. Consultora de organismos nacionales e internacionales, diseñadora y coordinadora de proyectos socioeducativos destinados a jóvenes y adultos. Ha desarrollado materiales educativos para diferentes programas de GCBA y de la Nación. Actualmente y desde hace 10 años coordina el proyecto “21-24, Padres y madres en la Escuela”, en la villa 21/24 de Barracas.

 “Crispín, el niño de las botellas de colores” es su primer cuento infantil. 

1 thought on “libro «‘Crispin, el niño de las botellas de colores»‘

  1. Genial. Necesitamos personas así, que inunden de colores nuestras vidas para asustar la palidez de los miedos y poder pensar algo en común que nos de un poquito de felicidad.Sergio iGNACIO

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